sábado, 26 de abril de 2008
Ta dura la venta de empanada!

El siglo

Gonzalo Cedeño es un hombre de 30 años, oriundo de La Arena de Quebro en la provincia de Veraguas, llegó a la ciudad capital a la edad de 22 años junto a su esposa, María Cortez (de 26 años) y su primer hijo José, quien actualmente cuenta con 8 años de edad.

Al hogar conformado por Gonzalo y María llegaron, posteriormente, María Guadalupe de 6 años y los mellizos Gonzalo Augusto y Josefina del Carmen de dos añitos.
Gonzalo empezó a trabajar limpiando patios en el área de San Miguelito, para ese tiempo ganaba cuatro dólares por casa, nos comentó que al día a veces limpiaba unas 10, lo que significaba 40 dólares diarios, sin embargo, habían otros días en los que regresaba a su humilde hogar, cansado de caminar y con las manos vacías.

Como este era un trabajo inestable, pues habían días buenos y otros muy malos, Gonzalo decidió buscar otra forma de poder llevar el sustento diario a su familia, pues los gastos cada vez eran más, ya que para ese entonces ya se sumaba otro miembro a la familia, se trataba de María Guadalupe.

Desde su llegada a la ciudad, Cedeño junto a su familia viven en un cuarto alquilado en el área de La Pavita en Cerro Batea.
Tratando de ayudar en los gastos del hogar, María empezó a planchar ropa ajena, pero la llegada de los mellos a sus vidas, cada día le restan más tiempo  para poder hacer alguna otra actividad fuera del hogar que no sea atender a sus hijos y su casa.

"Cuando los niños cumplieron un año, María me propuso volver a planchar ajeno, lo hizo durante un mes, pero yo mismo le dije que dejará eso y que yo correría con los gastos del hogar", comentó Gonzalo.

Sostuvo que "sabía que lo que ella estaba haciendo era una ayuda para mí, pero como a la gente no le gustaba que ella se llevará la ropa para nuestra casa, sino que planchara en la de ellos, llevar los niños para allá, era un verdadero problema, pues no teníamos quién nos los cuidará".

Desde ese momento María no ha vuelto a trabajar y todos los gastos que surjan en el hogar corren por cuenta de Gonzalo.

"No hay ni pa' las medicinas"
Sentado en su carretilla, Gonzalo nos comentó que hace como un mes se sentía bastante impotente, pues uno de los mellos, Josefina del Carmen, estuvo un poco delicada de salud y a él la plata que hacía diariamente no le alcanzaba para comprarle los medicamentos que le habían recetado en el Centro de Salud de San Isidro.
En ese momento, dice Cedeño, que pensó, "si aveces no podemos ni comer bien, cómo voy a tener pa' las medicinas".

Sin embargo, fue gracias a la buena voluntad de una de sus vecinas que ellos pudieron darle las medicinas a Josefina, "gracias a eso, mi niña hoy está muy bien, le pido a Dios que llene de muchas bendiciones a mi vecina, la señora Gloria", indicó Gonzalo.

Negocio en decadencia
Antes, señala Gonzalo, "yo llegaba al Centro a las 5:30 de la mañana y a las 9:00 ya había vendido toda la mercancía que llevaba, pero ahora, con eso del aumento en el precio de la harina y de todos los productos que son materia prima para la fabricación de las empanadas y que las mismas subieron de precio, muchas personas no nos quieren comprar la mercancía, pues me dicen que yo le estoy subiendo el precio para ganar más".

"¿Qué le puedo ganar!, joven, si usted debe haber escuchado en la televisión que la harina cuesta más y que los lugares donde nosotros compramos las empanadas, nos subieron el precio al que comprábamos antes, eso ha hecho que yo ahora tenga que venderle a la gente las empanadas a 0.35 centavos", recalcó el entrevistado.

Mientras servía una chicha, que todavía vale un cuara (0.25), Gonzalo vociferaba que el negocio de las empanadas ya no es rentable, que el mismo ha ido en decadencia desde que se han dado todos los aumentos producto del alza en el precio del petróleo.

Gonzalo señaló que ya no es sólo el aumento en el precio de la harina, sino que los vasos, las bolsitas, el azúcar, o sea, todo lo que él necesita para la venta y preparación de su mercancía ha incrementado su costo y esto es lo que ha hecho que el negocio se ponga bastante difícil.

"La leche está muy cara"
Gonzalo manifestaba que a él le toca comprar muchas cosas por partido doble, sobre todo lo que es leche y pampers, ahora también la merienda, pues José y María van a la escuelita.
"La leche está muy cara y prácticamente se me va por semana una lata grande de leche Klim de esa que cuesta 17 dólares, además de los pampers, aunque mi esposa solo les pone cuando salimos o para ir a las citas con el doctor, pero un paquete de 10 los compró en 2.56 dólares.

En lo que respecta a la merienda de los otros dos niños, Gonzalo gasta diariamente 1.10 dólares, pues los jugos cuestan 0.35 centavos cada uno y las papitas 0.20 centavos también cada una, esto representa un gasto semanal de 5.50 dólares.

Pero eso, dice Gonzalo, es aparte de lo que a veces tiene que gastar de más, pues hay ocasiones en que a sus hijos le piden dinero en la escuela, para cosas como comprar cortinas para el salón de clases o porque tienen un día civil y van de paseo al McDonalds, el mismo le cuesta 5.00 dólares por cada niño.

"Y en esas ocasiones es bastante difícil decirle a los niños que no van ir a los paseos, pues son niños y no comprenden cuando uno les dice no hay", puntualizó Gonzalo

Publicado por elpinto_web a las 6:48 PM | VARIADO | 0 Comentarios | Enviar
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